4/6/09

La vida no se aprende en los libros

Érase una vez un joven niño, Don Pedro de la Vega, cuya sed de cultura era tan inmensa que se desafiaba a leer todos los libros que existen en la tierra entera.
Mientras que los otros niños jugaran a los caballeros o a los vaqueros e indios, el era leyendo a Nietzsche y Proust.
Vivía en una antigua casa solariega, llena de libros del suelo al techo.
En su 80 anos, acabo de leer su millonésimo libro “Pepito perdió a su cascabel”.
Era solo, al centro de una montaña de libros, cuando alguien llamo a la puerta. Era demasiado viejo para levantarse, le duelo a sus rodillos y a su espalda que testimoniaban de su inactividad física.

Había pasado su vida entera en leer. Cada una de sus arrugas correspondían a un libro, las arrugas de alegría para los libros cómicos, y las arrugas de tristeza para los libros de drama. Era un libro.

Sucedió con dolor en levantarse con su bastón y caminar hasta la puerta, hilvanando entre los libros. Abrió la puerta y se encontraba en la paliar un niño que no podía levantar un palmo del suelo. El niño le pregunto: “¿Como puedo dar un besito a mi amorosa?”
En este momento, se dio cuento de que no conoció la respuesta y las cosas sencillas de la vida.
La vida no puede aprenderse en los libros sino que en vivir con la gente.

Jonathan Chelet & Justine Hay

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