Ricardo se sintió agobiado por el peso de los anos. Sentado en su biblioteca, inclinado sobre su bastón, se sintió como el viejo hombre que era. En la mañana había enterrado a su mujer, Felicia, su única compañera de vida. Estaba llevando su único traje verde, con una corbata roja, el uniforme que su mujer prefería.
Cerrando sus ojos, pensó que sus libros estuvieron sus únicos amigos, ahora que su mujer ha muerto. Había dedicado su vida a su mujer y a su biblioteca, que ahora estaba llena de libros de diferentes colores, autores y países, formando un conjunto heteróclito que ya no en su biblioteca, la que resemblaba una montana. No hijos, no amigos, solo una mujer cariñosa y conocimientos que ya no pudiera compartir con sus estudiantes de la universidad de Madrid, porqué había elegido tener su retiro el año pasado, para cuidar a su mujer muy enferma con el cáncer.
Ricardo tuvo una última tranquila mirada a su colección, cada libro como su hijo, y cerro sus ojos por última vez, ya no resistiendo la llamada de la muerte
Camille LOUIS
4/6/09
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