10/4/09

Cortacabezas

Estamos en invierno. Hace mucho frío por fuera. Sin embargo, prefiero quedarme ahí, tiritando, con mis vestidos desgarrados. De hecho, tengo miedo. Yo soy el único superviviente de una terrible guerra que se acabó desde hace poco tiempo, no sé cuando exactamente. Quizás hace tres días o más. El frío ya ha entorpecido mi cerebro tanto que no sé cuantos días ya he pasado así. En mi caso, cualquiera ya hubiera buscado ayuda y un techo para calentarse o, en el mejor de los casos, la gratitud y una recompensa de parte de su rey. Pero aquí está el problema para mí: el rey de mi comarca se llama Cortacabezas. Supongo que es inútil decirles que este apodo hace referencia a su mala costumbre de cortar las cabezas de sus súbditos; pero no cualquieras cabezas, sino las de los supervivientes de guerras como yo.

Bueno. Pensándolo bien, mejor irme a la Corte. De todos modos, me voy a morir, sea por el rey o sea por el frío. Entonces, escojo la primera opción: al menos habré tenido provecho de un poco de calor en los últimos momentos de mi vida.

Así me voy y, después de una larga marcha, llego al castillo. No me atrevo entrar. Ya me imagino la escena: mientras los guardas me conducen hasta el rey, me estoy diciendo: “¡Maldito rey!”. Pero ¿qué está pasando? Siento un gran escalofrío. Debe de ser la consecuencia de mi larga estancia en el frío invernal. A menos que… Levanto la cabeza: el rey está bastante enfrente de mí. Me está mirando cruelmente. ¡Ya está! Estoy realizando mi tontería: he pensado a voz alta… y estoy haciéndolo todavía.
− Exactamente, me dice el rey.
− Bueno. No me diga nada. Ya sé: ya estoy muerto, ¿eso es?
− Eso es.
− De todos modos, ya sabía que un superviviente de guerra como yo está destinado a perder su pobre cabeza.
− No necesariamente. Las reglas cambian ahora mismo. Lo decido así porque yo soy el rey y decreto que tú debes quedarte vivo. Sea mi brazo derecho.

Bueno. Mejor debería parar de soñar. El rey no es tan amable.
Aunque… si tentaría la suerte… Finalmente, ya no tengo nada que perder. Entonces, ¡vamos!

Lucie

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