8/4/09

El todopoderoso

“En todo caso, habia un solo tunel, oscuro y solitario, el mio.”

Ernesto Sabato, El tunel.



Ese domingo, como muchos domingos de su vida, Sebastian se alistaba para ir a la casa de campo de la familia. Su padre, victima del exceso Limeño, se habia refugiado alli, en la hermosa casa de Cieneguilla.
Desde que era nino, Sebastian sufria al ver que no tenia un padre como los demas. En lugar de vivir en la ciudad, vivia en el campo. Y si alguien le preguntaba porque, el decia que en Cieneguilla siempre salia el sol. En lugar de trabajar, se dedicaba a cultivar su jardin. En lugar de ocuparse de sus hijos, preferia atender a sus perros. Pero nadie se hubiese atrevido a decir que era un mal padre. Al contrario. Los demas miembros de la familia, incluida la madre de Sebastian, aseguraban que el amor paterno que recibia “Sebas” era inmenso, incondicional. Pero esto al nino nunca le quedo claro.
Ese domingo, como muchos domingos de su vida, Sebastian iba a Cieneguilla a regañadientes. Primero porque salia el sol. Y el, a diferencia de su padre, preferia la playa al campo. Segundo, por su alergia a las picaduras de mosquitos. Todos habian visto las horribles ronchas que le salian, pero todos creian en la palabra del experto: “si no les haces caso no te pican” decia el padre, volviedolo responsable de su propio mal. Y finalmente, porque sentia que todo giraba alrededor de su padre y eso le parecia profundamente injusto. Siempre se decia: “Porque tenemos que ir nosotros hasta Cieneguilla, si es el quien decidio largarse?”
Lo peor era que se sentia solo, tan solo en esa injusticia. Porque a nadie parecia molestarle el hecho de manejar casi una hora para ir a encerrarse a una casa llena de mosquitos y de perros, y soportar al pedante de su padre.
Pero ese domingo, a diferencia de los demas domingos, Sebastian habia preparado una sorpresa. Habia encontrado en su solitario sufrimiento la fuerza para llevar a cabo un acto subversivo que provocaria el caos total en la dictadura de su padre. Habia escrito una carta, de cuatro paginas relatando todos los secretos que sabia sobre su padre, divulgando las razones por las cuales segun el, se habia refugiado en el campo, pero sobre todo manifestando los motivos de su odio y su voluntad de enterrarlo vivo.
Durante todo el camino, Sebastian sostenia la carta con fuerza, como un soldado que sostiene una granada. La adrenalina que sentia no se translucia en sus movimientos. Permanecio contraido y en silencio hasta llegar a Cieneguilla. Fue el primero en bajar del auto y el primero en escuchar la musica a todo volumen. Confundido le pregunto a su madre:
“Que es toda esa bulla mama? Parece una fiesta...
- Ay Sebas... no me digas que olvidaste el dia del Padre...”

Albert Bonneau

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