8/4/09

Sorpresa

La fiesta estaba programada para la noche. Mientras que no me gustaba la idea de salir de mi casa, mi colega había insistido mucho para que viniera. No quedaba mucho tiempo antes de salir, y tenía que vestirme pronto. Me puse rápidamente una camisa blanca, un jean, y observé mi reflejo en el espejo de mi cuarto de baño. Lo que vi me asustó: una cara cansada con ceños marcados y mirada vacía, una piel demasiado pálida…el perfecto perfil del hombre solitario y abandonado. Di la razón a mi colega, tenía que reponerme. Atrapé mis llaves con una nueva determinación, y me dirigí hacia mi coche. El trayecto no era muy largo, pero me pareció una eternidad. Aislado como estuve en mi coche, mis dudas volvieron con fuerza. No me gustaba la multitud, ni el ruido. Las carcajadas, los gritos, los grandes gestos me amedrentaban. Es con el corazón palpitante que llegaré a mi destino.
Mis miedos arrecian: la escena que vi era tan sorprendente que abrí los ojos como platos. Delante de mí se extendía un campo bañado por el sol poniente, al centro mi colega me sonría, tenía en sus manos una gran pancarta donde se podía leer estas palabras: "quiero casarme contigo".

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