Una mañana la vieja mujer se despertó a buena hora, como siempre. Pero siento que había una cosa que había cambiado. No oía el ronroneo de su gato, Feliz. Ese día, nadie vino frotarse contra sus piernas. Además, el tazón de leche de la víspera permanecía intacto. Preocupada, la mujer se refirió a su nieto Raulito para descubrir la verdad.
Raulito conocía la mala reputación de su abuela: todos los niños del barrio pensaban que la vieja mujer era una bruja y tenían miedo cuando la veían. Seguidamente, Raulito sospechó que esos niños eran responsables de la desaparición del gato. Tenía que temerles para encontrar el gato.
Por la noche, Raulito llegó a la cabaña donde los niños se reunían. Les cuentó la historia de una bruja quien castigó los responsables de la desaparición de su gato en un pueblo vecino. Cuando una niña le había traído su compañero, la había agradecido con todos los juegos de los culpables. Desde esa noche, los niños hacían pesadillas cada noche.
Después la historia, Raulito se fue y esperó a los niños, oculto en un matorral… Cinco minutos más tarde, vio a los niños corriendo hasta el pozo. Subieron el gato, vivo. Le trajeron en casa de la vieja mujer, y toda su recompensa fue un puntapié al culo…
Mariette y Julien
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