Llegó al pueblo injuriado y debilitado. Lo único que quería era abrazar a su mujer e hijos, pero ahora tenía que cumplir con su último deber: anunciar al Rey que habían perdido la guerra. Sabia que la muerte le esperaba…
Ante el Rey, reprimió sus lágrimas - todavía era un guerrero – y empezó:
“- Eminencia…
- ¿Cuáles son tus últimas palabras?
- Majestad… La guerra pudo con nosotros…”
El rey, con una mirada grave, sacó su espada…
10/4/09
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