Subimos al autobús.
No había sitios más ni nada que agarrar. Hasta el conductor había desaparecido. Ni siquiera había volante.
Pregunté a Carmen, mi hermana mayor:
− ¿No crees que este autobús se parece a nuestra vida?
− Claro que no hay nada, me respondió ella. Pero vea lo positivo de esta paradoja: podemos construir todo a nuestro gusto.
Perrine y Lucie
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario