- “Una enésima victima inspector, anuncio Dimitriev, tendiendo un donut a su colega.
- La duodécima”, suspiro Raploukovitch acariciando el perro aterrorizado del muerto.
Desde hacia unos meses, un asesino en serie hacia estragos en el reino. Sus victimas, tanto hombres como mujeres o niños, tenían la misma particularidad: todos eran albinos. Eso, los policías y el inspector Raploukovitch lo sabían únicamente gracias a las cabezas de los muertos, única parte que les quedaba, ya que en cada cuerpo, la piel había sido cortada con una precaución y una precisión increíbles. El verdugo solo les dejaba manos, pies y cabezas y les quitaba la piel por una razón indefinible. ¿Fetichismo? ¿Racismo? El inspector era incapaz de decirle. El rumor tuvo mucha repercusión y llego hasta la corte. El rey, muy preocupado por la reputación de su país apenas dos días antes del Salón Internacional de la Moda Ética, convocó el inspector al castillo para conocer los detalles de la investigación.
- “Buenas tardes inspector, por favor disculpe mi mujer, no puede acogerle ya que esta rodeada de los mejores artistas y creadores del país, probando mil cosas…
- No pasa nada, entiendo que el Salón es un evento muy importante, sobre todo con las nuevas directivas europeas.
- Si, si, la apuesta es considerable, sobre todo para los artistas ya que hay un concurso final… Pero bueno, tenemos otras preocupaciones… ¿Nuevos elementos sobre nuestro criminal?
- Nada, el único testigo ocular es el perro de la ultima victima, un hombre de treinta años según el medico forense…
- Hola majo, dijo el rey dando golpecitos al perro, si por lo menos pudieras hablar…”
En este preciso momento, elle perro empezó a chillar, y la reina entró en la habitación acompañada por su sastre y su curtidor, vestida de prendas y complementos excéntricos.
- “¡Mirad señores! Toda la ropa fue confeccionada con materiales biológicos y naturales. Este vestido por ejemplo, esta compuesto con fibra de leche; el bolso con cuero de anfibio blanco, mira, es casi translucid; las botas con papiro y madera… ¡Son maravillosas!”
El perro se puso a chillar con más intensidad, girando alrededor de la reina. Incomodado, Raploukovitch le cogió y se despidió. Salió a la calle para fumar un puro y dar una vuelta con el animal, acaparado con una sensación extraña, como si la solución haya sido entre sus dedos.
- “Es verdad, si por lo menos pudieras hablar…”
Mirando fijamente los ojos desesperados del perro, se acordó de las palabras oídas en el castillo: “mejores artistas y creadores del país, bolsos, curtidor, cuero de anfibio blanco, casi translucid”.
Entendió todo… Corrió hasta el castillo con el perro para verificar su pista y se encontró con el curtidor que se marchaba con sus obras. El perro, muerto de miedo, se puso a chillar de nuevo. Raploukovitch arrancó el bolso de cuero blanco “casi translucid” de las manos del artista y le dio a oler al perro que empezó a saltar y mover el rabo. Después de haber encarcelado el sádico, envió los bolsos a la Sección Criminal de Nueva York que confirmó que se trataba de piel humana, piel de albinos. El perro había reconocido a su dueño.
Lo peor es que el curtidor no fue eliminado del concurso de moda ética, ya que, conforme a las reglas del Salón, no había maltratado ningún animal…
9/4/09
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