Es la noche. Ando en la calle desierta. Bajo las farolas, salgo de mi bolsillo el papel que he recibido esta mañana. La lluvia cae sobre el papel, haciendo manchas de tinta. Lo conozco pero lo leo otra vez. Esta noche, calle 29, 23h30. Son las once y veinte y espero. No hay nadie. Algunos coches cruzan la calle en silencio, echando agua por todas las partes.
Hace dos meses que no tengo clientes. Ningún marido adultero, ningún mafioso que quiere informaciones sobre su amante. Nada. Cuando he visto ese papel, no he hesitado. Salgo de mi abrigo de tela negra una botellita de ron, bebo un trago y enciendo un cigarrillo. Diez minutos después, dos disparos sonan en un condominio cerco. Poco tiempo después, un coche arranca y se va con mucho ruido. Corriendo, suba al condominio. La puerta está abierta. En el suelo, un hombre atado a una silla, el rostro sangrente, y dos agujeros rojos en el pecho. En su boca, una rosa.
Vuelto a mi oficio, otro papel me espera en el suelo, bajo la puerta. Abro el cello marón y leo. José a muerto, protegiendo un secreto, encuentra cual era y te pagaremos 10 000$. Esta historia no es clara, pero una muerte así, parecida a un asesinato y 10 000$, es bastante para interesarme.
Llamando a un amigo policía, encuentro su dirección, y a las unas son en su condominio. Una búsqueda rápida después, encuentro una llave con un número. Parece una llave de cajero. Busco, y bajo el suelo, encuentro un hueco. Dentro, una carta para la policía que denuncia un mafioso importante.
Dos días después, alguien toca a mi puerta. Me levanto, y cuando abro, veo a un hombre gigante. De dos metros, el pelo negro corto y su nariz rota testiguan de su pasado de boxeador.
- "ola, soy yo quien te he mandado las cartas. Has encontrado lo que quería?"
No me fio de este hombre de mano. Y no veo dinero.
- Si, lo he escondido esperando el dinero, lo tienes?
- Si, dame lo que era y después te lo doy, dice ensenando un cello lleno de dinero.
Me siento a mi escritorio y con calma cojo mi pistola. De la otra mano, bebo un vaso de ron coca cola.
- Aquí esta. Un momento.
Le lanzo en cello y miro su reacción. Lee con una sonría y me mira.
- Bien, ahora no te necesito más. Gracias y adiós.
Mientras mueve para coger su arma, le disparo dos veces en el pecho.
Cojo otro bajo un ron coco cola, y enciendo un cigarrillo. Nunca me han gustados los mafiosos boxeadores.
Florian Martinez Lopez
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